No me gusta seguir la corriente sin preguntarme por qué la sigo, por eso no me gusta tragarme lo que me ponen en la tele, creo que eso me impide pensar por mí misma. Las cosas interesantes que he descubierto he decidido compartirlas, sean recetas o pensamientos. Espero que también resulten interesantes a otros. "De lo que te cuentan, no te recomiendo que te centres en desmentir en lo que se equivocan, sólo coge la parte que hay de verdad para ti en dichas palabras".
miércoles, 27 de junio de 2012
A las maravillosas mujeres que sienten
En fin, estas mujeres (todas ellas intuitivas, escuchemos o no esa intuición, a todas nos habla) intuyen o advierten que el cole no es lo que su niño esperaba. Cuando Carla fue a la guarde iba emocionada "un lugar lleno de niños y juguetes, eso debe ser la bomba", eso es lo que pensaba, no me lo dijo, pero usé esa intuición que tenemos las mujeres (para mí estaba tan claro que tenía esa opinión como si lo tuviera escrito en la frente). A los pocos días, noté también su cara de desilusión "esto no es lo que yo esperaba". Al cabo de una semana o dos me verbalizó "yo no quiero ir al cole que allí los niños lloran mucho y yo me pongo triste".
Este ejemplo, con distintas versiones, de notar en tu hijo que algo no está bien del todo lo hemos vivido todas en algún momento. Algunas lo hemos notado, otras, además, hemos pensado en ello. Otras valientes, se lo han comentado a sus maridos/parejas. En la mayor parte de los casos, estas parejas, que serán probablemente buenas personas, como no han notado nada porque no están preparados para ello, te dicen algo así como "no será para tanto" "solucionar eso es un lío" "ya se acostumbrará", etc. Tú sigues con tu "es que esto no está bien" "es que esto no es lo que yo quiero para mi hijo" pero nos han enseñado a que en la pareja hay que llevarse bien y que no se pueden tomar decisiones si los dos no estamos de acuerdo.
Esto último puede sonar muy democrático pero no lo es, tú harías otra cosa. Si te diera carta blanca o si tú trabajaras harías otra cosa pero, en el fondo, no te da carta blanca. Dar carta blanca es "te dejo decidir a ti porque tú eres la que está mejor preparada para decidir algo tan importante para nuestros hijos porque ese es tu trabajo, en el que estás ahora y en el que las mujeres se han especializado durante miles de años". Dar carta blanca es confiar. "Cuida de mis hijos, pero las decisiones importantes las tomo yo".
Es decir, él, como es el que gana el dinero porque los dos nos pusimos de acuerdo en que yo cuidaría a nuestros hijos para que estuvieran mejor, resulta que ahora, para cómo hacer mi trabajo "conseguir adultos lo más felices posible" no tengo criterio, y al final prima el criterio masculino.
Y digo que no es una democracia porque siempre gana la opinión del varón, argumentando con la cabeza, no con el corazón.
No se trata de hacer guerra en casa sino de darnos cuenta que la mujer es la que mejor preparada está para darse cuenta de lo que sienten sus hijos y tenemos que confiar más en nosotras mismas. Cuando nuestro interior, y por amor, nos dice que algo es por otro sitio, el hombre debería respetarlo, no ignorarlo porque él no puede tener dicha percepción.
Dicen que están naciendo muchas niñas, a lo mejor es porque el mundo necesita un poquito más de intuición y sensibilidad que de pensamiento racional que nos ha traído al mundo al que estamos ahora.
Nuestra intuición nos guía, para eso la tenemos, hagámosle caso, es totalmente necesario para el futuro.
sábado, 9 de junio de 2012
El fracaso del sistema educativo
Hay varios tipos de alumnos: los que pasan de todo, los que estudian lo justo para aprobar y para que sus padres estén más o menos contentos, consiguiéndolo a veces sí a veces no, y los que estudian mucho, son muy responsables, son competitivos, con los demás (se ponen verdes cuando el compañero saca más nota) o consigo mismos (si sacan un 9,5 se fijan en el 0,5 que les falta...).
Los tres ejemplos suelen ser fracasos del sistema educativo. ¿El empollón también??
El que pasa de todo es porque no sabe lo que quiere, los padres y profesores y la sociedad le hemos desconectado de lo que le motiva en la vida y ya no tiene ganas de ná. Digo "le hemos desconectado" porque los bebés vienen muy conectados con sí mismos cuando nacen, así que algo tendremos que ver los demás...
Después de decirle todo el rato lo que tenía y no tenía que hacer, que era malo cuando no hacía lo que me convenía, que éste es el único camino que hay cuando el niño siente que no es así.. Al final, el niño desconecta de lo que quiere porque está siempre en conflicto y, si estamos desconectados de lo que queremos no tenemos ganas de ná, y menos de hacer lo que otros quieren. Es más cómodo no pensar y darle gusto al cuerpo en el momento: no haré lo que quiero pero al menos hago lo que me da la gana.
El perfil de alumno que más o menos aprueba pero para que sus padres no les riñan es el más habitual. Lo hacen desde infantil: hacen las cosas rápidas para contentar a la maestra o a los padres y así les den la ración de amor que necesitan y luego se dedican a lo que les apetece. ¿Lo malo que tiene eso? que el interés por aprender desaparece; existirá el interés por aprobar, que no es lo mismo, con lo que no quiero saber, no quiero entender el mundo, no quiero saber más... Y eso baja muchíiisimo la calidad de la enseñanza: se nos olvidará nada más hacer el examen, el aprender no me motivará a buscar por mí mism@ respuestas ni preguntas más allá de lo que me cuentan en clase, no seré crítico con lo que me cuentan, sólo trataré de recordarlo para el examen...
Porque desde pequeños han asociado el cole a trabajar y no a divertirse, lo que les contamos en él pierde mucho. Y no debería ser así, porque entender el mundo no es divertido, ¡¡es maravilloso!!, sólo hay que mirar a un niño de 1, 2 o 3 años para darse cuenta.
Como digo, éstos son los perfiles más habituales, los padres y los profes están más o menos contentos, no sienten que hayan fracasado porque con suerte llegarán a ser universitarios, mediocres, pero universitarios.
El tercer perfil de fracaso educativo es mucho más duro de ver: gente que aprueba todo, que estudia, que siempre hace lo que tiene que hacer, nunca hay que decirle nada... Eso es lo malo: que siempre hace lo que le decimos que tiene que hacer y a veces no porque se lo digamos sino porque el exceso de responsabilidad que les hemos metido ha anulado su capacidad de hacer lo que sienten. Tarde o temprano tienen que pararse y pensar si están recorriendo su propio camino o el que les han grabado sus padres. Y muchos descubren que no saben qué les hace felices, qué les mueve por dentro, o lo saben o intuyen, pero no son suficientemente valientes como para llevar la contraria. No ser "responsables" les hace sentirse "culpables".
Todo sistema educativo o sociedad que nos empuja a hacer cosas distintas de lo que sentimos o que nos hace olvidar o no respeta lo que somos, nos empuja a hacer algo en lo que no creemos, con lo que, además de que no lo haremos del todo bien, no podremos conseguir la felicidad, la plenitud que aporta trabajar en lo que creemos, el sentimiento de inflarse el corazón y que nos guía en que estamos en nuestro camino y que, por muy escarpado que sea, lo recorremos con ganas.
lunes, 21 de mayo de 2012
Espejo, espejito mágico ¿soy yo la mejor? No, no lo eres, pero te quiero igual
martes, 17 de abril de 2012
¿Aprender o educar?
Los adolescentes que veo a mi alrededor, en mi trabajo como profe y fuera de él, no tienen interés por aprender. Eso lo podemos observar todos. La gran mayoría sólo quiere aprobar para que sus padres no les riñan o les dejen salir en verano, pero muy pocos lo hacen para sí mismos.
Si los niños pequeños tienen interés por todo, ¿en qué momento pierden dicho interés?
Por otro lado, de lo que sé ahora, muchas cosas me las enseñaron en la escuela pero, como vosotros, la mayor parte se han ido olvidando en el camino. ¿Qué es lo que ha hecho que ciertas cosas las recuerde?: El interés.
Es decir, como un tema me ha gustado, he puesto interés en volver a leer sobre ello, ampliarlo, estudiarlo... Pero, ¿qué pasa para la gente que ha perdido el interés? que olvidan la mayor parte de las cosas que han aprendido.
Lo importante no es lo que les enseñamos en la escuela, sino que no pierdan el interés por aprender, porque eso hará que estudien, lean, etc, todo lo que les motive. Les hará personas despiertas a las que les interese el mundo y cómo mejorarlo.
Hace poco me contaba una madre acerca de lo que dice la maestra sobre su hijo de apenas 4 años: "se nota que es un niño listo pero hace las tareas rápido, para salir del paso e irse a jugar". Este comportamiento lo tienen los adolescentes de mis clases: no tienen interés en hacer algo bueno, sólo aquello que les permita salir del paso, que sea lo más parecido a lo que la maestra quiere, no a lo que ellos mismos piensan que sería un trabajo bueno, para poder aprobar y poco más. La misma situación se repite, en un niño de alrededor de 4 años y en los adolescentes de nuestros institutos. ¿No será que lo que le contamos al niño de 4 no le interesa? Sólo lo hacen por agradar, porque son niños buenos que quieren que la maestra les sonría y no les ponga mala cara. Lo hacen por lo mismo que nuestros adolescentes: por agradar a la maestra y por ende a sus padres, no porque realmente les interesa a ellos.
Desde los 3 años, o antes, ya les empezamos a "instruir" sobre lo que está bien y lo que está mal, negando lo que ellos sienten, con lo que empiezan a hacer cosas por nosotros, por agradarnos. Y cuando llenamos la escuela de conceptos y cosas que no les interesan ya pierden interés por todo o casi todo. Pasan de la escuela, se acostumbran a esa rutina de "hacer las cosas lo más rápido que puedo para dedicarme a lo que me interesa". Y esto lo aprenden a los 4 años!!! Cuando llegan a mis clases llevan 10 años de esta rutina, ¿cómo vamos a poder darle la vuelta y recuperar el interés? ¿no será más fácil no matar el interés innato que tienen los niños que matarlo y pretender que reaparezca cuando nos quejamos de ellos?
Los niños tienen un interés innato por todo. Pero quizá no de la manera que nosotros queremos, o no a la hora a la que a nosotros nos viene bien, o no a la hora a la que a los otros 24 alumnos con los que comparto clase les viene bien, o no sentados en una sillita.
Cada niño tiene su ritmo, y su hora, y su manera de hacer las cosas. Quizá no le interese pintar por dentro de la raya porque le parece un tostón, por mucho que mi madre y la maestra quieran que pase la unidad didáctica de la "psicomotricidad fina". Pero quizá le interesa poner piedrecitas pequeñitas en fila y consiga el mismo objetivo.
Lo que quiero decir es que los niños, teniendo un sitio adecuado para desarrollarse y con elementos reales, desarrollan muchas de las capacidades innatamente, y justo cuando se dan cuenta que les interesa, no cuando a alguien que elabora currículos ha decidido que debe estar listo para ello.
No aburramos a nuestros hijos y les encantará ir al cole SIEMPRE porque allí experimentan y hay alguien para resolver las dudas que ellos tengan, no que les digan cómo hacer las cosas antes de que ellos se lo planteen; Porque tenemos la teoría de que, cuanto antes les enseñemos las cosas, será mejor para ellos, y no es cierto, ellos lo aprenderán cuando estén listos y, si lo aprenden antes de tiempo, están desaprendiendo otra cosa que corresponde a su edad, quizá por esto los niños ahora son más "torpes" que eran sus padres a su edad, porque les enseñamos fichas en vez de a saltar de piedra a piedra... www.corazondetiza.org
martes, 6 de marzo de 2012
Lo que ocurre no es ni bueno ni malo, depende de lo que elijas
Pepe y Antonio son vecinos y un día, Antonio se encuentra un caballo. Pepe se lamenta de su mala suerte, que nunca se encuentra nada, y de la buena suerte de Antonio.
Al día siguiente el hijo de Antonio se cae del caballo y se parte una pierna: "pobre Antonio, ahora su hijo no le puede ayudar, con la falta que le hace, qué mala suerte ha tenido".
El miércoles llega el ejército reclutando jóvenes y, como el hijo de Antonio está escayolado no lo reclutan...
¿Qué cosas de las que nos pasan son buenas y cuáles malas? Si de todas maneras no podemos cambiar el hecho de que me he roto una pierna, ¿por qué no dejo de lamentarme y empiezo a tomármelo bien, disfrutando cuanto antes lo que me brinda la nueva situación?. Quizá lo que me ocurre es buenísimo si supiera que mañana vendrá el ejército... si tengo la pierna rota puedo pararme a leer, a relajarme... Si lo hemos escuchado de siempre "no hay mal que por bien no venga". Si la gente lleva diciendo esto años, será por algo, ¿no?
La vida es mucho más sencilla si pensamos que todo lo que ocurre es por nuestro bien. Las cosas que parecen menos favorables también pueden ser trampolines que te hagan pensar, que te replanteen las cosas de aquí en adelante. Quizá si no me ocurre la catarsis no soy capaz de salir de mi burbuja.
Por otro lado, aunque no creamos que un orden bueno y adecuado existe, la lógica también nos da la razón: si puedo cambiarlo cámbialo, pero no te lamentes, y si no puedo, tampoco te lamentes, cuanto antes aceptes lo que hay, antes inicias tu cambio (al final volvemos a lo mismo: creo que es necesario a veces algo "malo" porque es la única manera de que nos movamos de nuestra inmovilización). A ver si esta crisis va a ser un simple espolón para que reaccionemos...
Y, por otro lado, lo malo de no saber tomarse las cosas es que se lo enseñamos así a nuestros hijos: Tenemos un ascensor en casa que da muchos problemas y, cada vez que hay un problema nuevo, pues yo me desespero, la verdad. Hace un par de días mi hija y mi pareja se subieron en él y tuvieron un problemilla también, Carla, extrañada, miró al padre y le dijo "papi, ¿no te enfadas?".
¿Para qué narices me enfado con algo con lo que no puedo hacer nada, al menos en ese momento? ¿a quién hago mal con mi enfado, a la empresa de ascensores o a mí misma, que me cambia la cara y el ánimo? ¿por qué decido coger el camino del enfado en vez del camino sencillo? quizá porque eso es lo que he aprendido: que cuando te ocurre algo que no te gusta te enfadas y es lo normal. Perdona, no es normal ser idiota (porque hacerse daño a uno mismo es muy idiota), y si lo aceptamos como normal es que somos idiotas y, además conformistas.
Ya vemos que los hijos, sobre todo, están para ponernos de frente nuestras idioteces.
Hace poco me contaba una amiga: Hace tiempo volvía a casa después de un largo día y estaba realmente cansada. Mi hijo pequeño me pidió que lo bañara y la verdad, eso era casi lo último que me apetecía hacer en aquel momento, pero lo intenté. El niño estaba esa tarde bastante revoltoso, tiraba el agua fuera, me mojaba... al cabo de un rato se paró y me dijo "mami, ¿qué te pasa? llevo un rato tratando de hacerte reír y no te ríes...".
Ahora ponte en el lugar del niño, y piensa cómo se sentiría si le hubiéramos reñido, gritado, etc. Sólo piénsalo, las excusas me las dices mañana después de haber pensado :).
No hay nada malo, sólo depende de cómo nos lo tomemos porque todo, al final, es para nuestro beneficio.
domingo, 29 de mayo de 2011
¿El sexo es tan normal?
¿Por qué si el sexo es algo natural es tan malo que nos pillen? Incluso que sea con mi pareja y en mi casa, "me muero de la vergüenza" diríamos. ¿En qué quedamos? Es bueno para mi piel y mi pelo pero ¿se me cae la cara de vergüenza si me pillan?
Si es tan bonito y tan natural, tan "yo no tengo ningún problema en hablar de sexo", ¿cómo es que hay que practicarlo tan a escondidas que apenas hayamos pillado a nadie in fraganti...?
No es que nos de vergüenza que nos vean, es que nos da vergüenza hasta que otros siquiera imaginen que lo estamos haciendo. No ya que nos oigan...
Se supone que a mí el sexo nunca me han dicho que sea malo pero claro, una cosa de la que no se habla ni se ve, muy bueno tampoco podía ser... Y eso es lo que les transmitimos a nuestros hijos, que captan lo que hacemos no lo que decimos: decimos que es normal pero no actuamos como si fuera normal.
Por otro lado la iglesia te dice que es pecado. ¿Por qué va a ser malo algo que no hace daño a nadie? un pecado es aquello que no es bueno, algo que hace un mal pero, el sexo ¿a quién se hace daño?
Los adolescentes, ¿follan o hacen el amor? Porque si han aprendido de lo que ven, lo único que ven en este sentido son pelis porno en las que el amor no rezuma, la verdad... Yo creo que en su vida han visto hacer el amor... con lo que se creen que hacerlo es eso: fuerza, pasión loca, correr mucho... Perdón pero el amor de todos los días no es ese.
El amor se hace con respeto, con un gran respeto por nuestro cuerpo y el de la otra persona, porque nos estamos dando amor, da igual que conozcamos hace 30 años a la persona o que sea hace sólo un par de horas, debemos tener y tenernos respeto.
Para mucha gente hacer el amor se ha convertido en algo de orgullo o prepotencia. Me suena al viejo Oeste, si mato a uno me hago una muesca en la pistola y si me tiro a uno o una se hace lo mismo en la punta... Obviamente, aquí no hay respeto, no se trata de tirarse a uno o a trescientos, sino de hacerlo con respeto y entendiendo que debemos hacer el AMOR, no follar, que no es lo mismo, y abunda mucho más de lo segundo que de lo primero. Y así nos va.
Nos faltamos al respeto cada vez que estamos con alguien que no nos valora en todo nuestro ser, no sólo en el físico, que no nos respeta. ¿Dejaríamos a un guarro entrar en nuestra casa y comer de nuestra mesa, poner los pies encima o decir cosas malsonantes o nos sentiríamos que nos falta al respeto? ¿Por qué hay mujeres que se dejan tratar así, sin respeto? A lo mejor les han enseñado o han visto en sus casas que eso es lo que hay si eres mujer.
Oí una vez a unas chicas que se querían poner más tetas para gustarle más a los hombres. No tenemos que gustarle más a los hombres ni a las mujeres, nos debemos de gustar más a nosotros mismos, y el que no le guste que no mire. Si le gusto más a un hombre porque tengo tetas no creo que me esté respetando mucho.
En esto hay una gran diferencia: ¿me pongo un escote porque me encanto, porque estoy guapísima; o me pongo un escote para que otros me miren y me valoren y así rellenen ese hueco de autoestima que no soy capaz de llenar yo sola? Eso lo debemos responder cada una, no debemos juzgarlo los demás, porque no somos quien para erigirnos jueces sobre lo que hacen otros, eso es perverso, sobre todo si a mi no me hace mal (porque si me hace mal lo que otro se ponga, es que sufro de envidia, verde envidia).
El sexo debería ser normal, y quitar esos miedos a enfermedades, a embarazos... No digo que no exista esa posibilidad, pero es como si me dijeran que no viajara porque me puedo matar con el coche y por ello me quedara encerrado en mi casa cuando en realidad quiero salir y ver mundo.
Pero tampoco estemos en el extremo opuesto, no vayamos a 200 por la carretera o sin cinturón o sin carnet. Cuando se hace algo hay que ser conscientes de los riesgos que entraña, por eso no te dejan conducir a los 8 años, porque puede ser peligroso para ti mismo.
Tampoco te respetes tan poco que hagas o dejes de tener sexo por lo que otros piensen, no por lo que tú sientas, sean tus amigos o tu novio, tu madre o el cura. Nadie más que tú sabe lo que es mejor para ti y nadie que te respete de veras te debe pedir ni presionar ni chantajear emocionalmente para que hagas o dejes de hacer algo que tú quieres o no quieres.
domingo, 15 de mayo de 2011
Elegir mi vida en cada momento
- quejarnos hasta la saciedad y aburrir a todos y a nosotros mismos.
- cambiar nuestro punto de vista y recibir lo bueno que tenga tal situación.
lunes, 10 de enero de 2011
El respeto a tí mismo y a los demás
Pero, ¿para qué cabrearse? si se puede solucionar, se soluciona y ya no me cabreo. Si no se puede, ¿de qué me sirve cabrearme?
Probablemente vimos que nuestra madre o padre se cabreaba ante ese tipo de cosas y decidimos que, si lo hacían papi y mami, que eran las personas más importantes del mundo, debía ser el comportamiento correcto y empecé a copiarlo hasta que ya no me daba cuenta de hacerlo.
Ya dicen en muchos estudios que cuando generas pensamientos negativos se crean muchas substancias chungas en tu organismo, es decir, atentas contra ti mismo en primer lugar.
Aunque eso ya lo sabíamos porque nadie es feliz estando cabreado.
Hay gente que se ha hecho dependiente de las susbtancias que generan los cabreos y por eso necesita estar todo el día cabreado, pero eso no le hace feliz.
Ante cualquier situación en la que vayamos a cabrearnos, elijamos: estar de mal humor o no estarlo; atentar contra mi propio cuerpo, alterarlo, y atentar ya de paso contra el de otros.
Aprendamos a respetarnos a nosotros y a los demás, incluidos los más débiles que no se defienden ante nuestra mala leche. Hablar mal a tus hijos es más importante de lo que pueda parecernos porque a ellos les llega a parecer normal, les acostumbramos a que les hablen mal y no se den cuenta. ¿No nos sorprenden adolescentes a los que su pareja o amistades les hablan fatal? Se han acostumbrado a que les hablen mal. Sus progenitores probablemente les hablaron mal y se suponen que les querían con lo que, si esta pareja me habla mal, lo mismo también me quiere...
En resumen, tratémosnos con amor, démosnos mucho amor y respeto. Si algo de lo que hago me pone de mala leche voy a repensarme por qué narices lo hago, porque siempre se puede hacer otra cosa. Quizá para la sociedad hacer eso sea lo correcto pero para mí no debe serlo si me siento mal.
Cuando uno se trata bien a sí mismo y se da amor del bueno, es mucho más fácil dárselo a los demás porque, como te sientes tan querido (aunque sea de primeras por tí mismo) estás todo el día de buen rollo y das más amor a los demás (fíjate que, cuanto más te quieres de verdad, más quieres a los demás, no se acaba nunca) y claro, si das amor del bueno, lo recibes multiplicado.
No seamos rácanos, demos amor y, si nos cuesta aún, demos sonrisas, a los demás y, por supuesto, a nosotros mismos y, al que no nos quiera, démosle una sonrisa aún más grande en vez de darle la llave que controla tus cabreos. Esa llave la vamos a tener nosotros y vamos a pensárnoslo de veras si quiero dejar de ser feliz y cabrearme cada vez que el cabreo llame a nuestra puerta trayendo un montón de razones más o menos estúpidas para que le abramos. Vamos a reírnos de él en vez de abrirle la próxima vez porque ya no me controla. Y, cada vez, la cesta donde guardaba esas razones nos parecerá más pequeña y casi estúpida.
No dejemos que nadie pueda hacernos infelices con sus actos y mucho menos con sus palabras. No se trata de que la gente deje de respetarnos y pueda decirnos lo que quiera sin que les monte un pollo. Es todo lo contrario. Es sonreír si alguien quiere que me cabree, reírme de que no lo consigue. Y no lo consigue porque, ante todo, me respeto a mí mismo y no quiero dejar de ser feliz por las palabras de otro. Ante seguirte el rollo y cabrearme y dejar de ser feliz, elijo justo lo contrario: seguir siendo feliz, reírme de tí y contigo. Me río de la parte de ti que ahora te domina y que quiere que ni tú ni yo seamos felices porque, al menos yo, ya no le sigo el rollo, y me río contigo para ayudarte a que tú tampoco te dejes llevar por esa parte cabreada.
Me puedes decir lo que quieras que, me respeto tanto, que elijo seguir siendo feliz y sonreír.
Esto último puede resultar más sencillo con un poquito de hoponopono (buscad por ahí lo que es).
Si te ha gustado esto que he escrito o te ha resonado por dentro un poquito es porque tu cuerpo está hasta las narices de no ser feliz y vivir enfadado. Para ayudarnos a no cabrearnos hay un libro excelente "Un mundo nuevo, ahora" de Eckhard Tolle.
Con mi mejor sonrisa, para el que le guste y para el que no.
domingo, 9 de enero de 2011
Los niños saben latín
Entonces, si tu hijo de vez en cuando sabe tus puntos débiles y trata de usarlos, al igual que los usas tú, para conseguir algo de ti, ¿por qué nos dicen que tengamos cuidado, que el niño hace con nosotros lo que queremos, que se está aprovechando? ¿por qué no le dicen al pobre niño "ten cuidaíto con tu madre, que te engaña cada dos por tres"...
Sigamos pensando: si tú tienes una pareja, unas veces decidirás tú y otras decidirá tu pareja o, por lo menos, será por consenso. Quiero decir, si tu pareja no quiere ir a donde tú quieres lo normal es que lo habléis, veas si realmente te quieres ir a ese sitio o, si es tan importante para tu pareja, pues te quedas, que tampoco es tan importante lo que ibas a hacer en el centro comercial. Desde luego, lo que nunca harías sería cogerle fuerte del brazo, meterle en el coche con cuatro gritos diciéndole que te tiene harta y que no vas a hacer lo que al maridito le plazca, que no faltaba más. Todo esto mientras sonríes a la vecina y, además, le dices lo insoportable que a veces se pone tu marido...
La vecina correría a contarle a la otra vecina el poco respeto que le tienes al pobre de tu marido, que lo tienes anulado, que no te lo mereces, que porque el pobre hombre no quería quedarse sentado en la silla la que le has montado... Vamos, que no estás bien de la cabeza.
Si mi hijo quiere levantarse en el restaurante, ¿por qué le tengo que obligar a que no haga lo que le apetece hacer? ¿por qué mi niña es buena sólo si está sentadita y no dice ni mu (si fuera mi marido dirían que es un aburrido, no que es bueno)? ¿por qué mi niña sólo es buena si hace lo que yo le digo y no lo que quiere ella, como todo hijo de vecino? ¿os gustaría una persona que hace lo que le dicen los demás y que no expresa su opinión y nunca la hace valer? Pensaríamos "pobre persona". Pues mi niña no es una pobre persona y a veces le apetece quedarse un rato más en el parque y a veces no le apetece quedarse sentada en el restaurante. Y me niego a decir que mi niña es muy mala. Mi niña es un encanto y, como todo el mundo, intenta hacer lo que le apetece, como yo, y también soy buena persona.
A veces hay conflicto entre lo que ella quiere y lo que yo quiero y entonces, aquí entran mis dotes maquiavélicas para engañarla con algo que hay en casa, con algo que le gusta. Vamos, que me la trato de llevar al huerto, y sigo siendo buena aunque haga estas cosas, que conste. Y si no se puede porque de veras hay una razón por la que no se puede, intento que, el hecho de que no se pueda quedar sea lo menos traumático posible, manteniendo la calma, cantándole... pero, ante todo, entendiendo que ella quiere estar allí mucho y por eso, no por fastidiar ni porque sea una niña insolente, se encabezona en quedarse allí.
Lo que trato de decir es que no debemos obligar a los niños a acatar las normas estúpidas del mundo de los adultos porque con eso, no les estamos respetando. Ellos pueden querer algo distinto a lo que yo quiero, y si no obligo a mi pareja ni a mi amiga a hacer lo que yo quiero porque les respeto, debería hacer lo mismo con mi hija. Sólo si yo le enseño el respeto a ella, ella aprenderá a respetar. Si yo la trato por la fuerza ella hará lo mismo porque lo ha aprendido de mí.
También hay que respetarse a uno mismo y no hacer siempre lo que tu marido o lo que tu vecina o lo que tu hijo/a quiere que hagas, llega al equilibrio. Pero no llegues al equilibrio a voces ni imponiéndote ni hablando mal a tu hijo, respétate y respétale.
Siendo como soy profe, intento siempre respetar a mis alumnos, aunque les suspenda porque creo que tiene que ser así, con eso no les estoy castigando ni diciendo que sean malas personas, que no lo son, les quiero pero, a veces, las cosas no son como a uno le gustaría. A veces ellos se enfadan pero yo les sigo queriendo y respetando y entendiendo que no estén de acuerdo conmigo: yo lo he hecho casi lo mejor que puedo. Y digo casi porque siempre se puede mejorar y de hecho, cada vez que no me encuentro en paz conmigo pienso si lo que acabo de hacer era la mejor opción.
Tomemos la decisión que tomemos, hagámoslo respetándonos a nosotros mismos, lo primero, y respetando a todos los demás, incluidos los niños, los nuestros y los de otros. No hablemos a los niños como no nos gustarían que nos hablaran a nosotros. Si no le diríamos a nuestra amiga "estás insoportable hoy, eh" tampoco se lo digamos a nuestros hijos. Que no se acostumbren a la violencia del lenguaje porque entonces, ellos la usarán también contra otros y el mundo será más feo en lugar de ser más bonito.
Los niños nacen como un cuenco vacío, si tú los llenas de amor, ellos serán amor. Si los llenas de reproches, malas palabras, ironías y les obligas por la fuerza, ellos, a su vez, obligarán al que puedan por la fuerza, hablarán con ironía y reñirán, aunque al principio no lo entiendan (¿nunca has visto a un niño reñir a su muñeca y pegarle? hace lo que le hacen a él/ella, está repitiendo, está sacando de su cuenco lo que nosotros hemos metido antes).
Un libro precioso y divertido al respecto es "Cómo cuidar a tus hijos con amor" de Carlos González. Confieso que mucho de lo que expongo en este blog ha sido inspirado y a veces copiado de sus libros. No me importaría escribir tan claro y divertido como él:)
sábado, 8 de enero de 2011
Usando la fuerza y la imposición con nuestros hijos
Un niño se sube a la escalera, su mamá le pega, el niño no sabe qué ha hecho tan grave: todo el mundo sube dicha escalera, ¿por qué no él?
Al día siguiente, la madre hace algo que al niño no le gusta (se queda hablando con una amiga cuando el niño se quiere ir, por ejemplo), el niño va y le pega: el niño aprende que sí tú haces algo que a mí no me gusta, entonces te pego.
Si el niño ve a otro niño que hace algo que a él no le gusta (tocar su muñeco, por ejemplo), lo que ha aprendido es que puede pegar. Tú le puedes decir que eso no lo haga, pero el niño aprende más de lo que ve hacer que de lo que escucha.
La frase de “esto me duele más a mi que a ti” ya nos debería indicar que no deberíamos pegar a nadie, ni a un adulto, porque nos merece respeto, ni a un niño, porque nos merece el mismo respeto.
Si algo que hago no lo hago sintiéndome feliz es que mi interior lo rechaza y no lo debería hacer, diga la sociedad lo que diga.
Nuestro interior, que no se encuentra bien teniendo que pegar a nadie (pegamos cuando estamos cabreados y no solemos estar felices y cabreados al mismo tiempo), ya nos dice que eso no está bien. La sociedad puede justificar que es necesario pegar, también la sociedad justifica las guerras y eso cada día nos rechina más (quizá no sea la sociedad sino unos pocos que nos quieren manipular y nos tratan de convencer de algo que tu interior te dice que no está bien).
La frase de “un azote a tiempo”, antes se podía usar con la mujer, ahora, ya respetamos más a la mujer y no lo podemos decir ni hacer ¿por que se puede usar aún con los niños?
Antiguamente se podía pegar a otros humanos, porque eran esclavos y no merecían nuestro respeto, hasta que avanzamos o los esclavos se revelaron y consiguieron nuestro respeto. Hasta hace poco podíamos pegar a la mujer, hasta que han conseguido nuestro respeto, ¿cuándo vamos a empezar a respetar de igual manera a los niños, a los animales y al planeta tierra? ¿necesitará revelarse el planeta contra nosotros para que empecemos a respetarlo? Quizá ya haya comenzado a revelarse.
Somos una humanidad torpe, o más bien, cómoda, no queremos respetar al resto para poder seguir aprovechándonos sin necesitar justificación.
Respetemos a todos: a otros hombres, a nuestras mujeres, a nuestros hijos y a nuestra preciosa tierra.
Obligar a los niños a comer.
Un pediatra me dijo un día: “Ahora dicen que es mejor empezar a dar de comer papillas a los bebés a los 6 meses pero sé de muchas madres que empiezan a esa edad y, como el niño/a ya está fuerte, se pone farruquito y no quieren comer con lo que yo te recomiendo que empieces a los 5 meses y...” me recomendó el nombre y la marca del potito que era mejor empezar a darle a mi niña a los 5 meses.
La verdad es que me quedé perpleja.
Si a los 6 meses el niño ya está más fuerte y rechaza la comida, ¿es porque le da la gana fastidiar a su madre y al pediatra o es que su instinto le dice que no quiere comer esa comida y prefiere seguir comiendo teta, que es lo que su instinto le dice?
Como a los 5 meses no es tan fuerte, no se queja, y por eso nos aprovechamos para meterle algo que, por instinto, muchos niños rechazan más tarde. Interesante.
Obviamente me pareció bastante raro y muy chungo que me aconsejara empezar por una marca de potitos en vez de por comida que yo le hiciera que, obviamente, iba a ser siempre mejor.
A veces me pregunto cómo les salen a las empresas los potitos de frutas tan dulcecitos sin añadirle azúcares como pregonan... Sospechoso.
¿Quién quiere que el niño se acostumbre a un determinado sabor en vez de a lo que yo pueda prepararle en casa para que luego me rechace lo de casa y así siga “enganchado” a dicha marca?
Cualquiera diría que a los médicos les pagan las jornadas y charlas y sus respectivos hoteles y comidas y les dan regalos las empresas de alimentación y farmacéuticas... Ahh, ¿que es normal que lo hagan? Vaya...
También me pregunté: la naturaleza debe ser medio idiota, mi niña debe comer carne, y 10 cereales, y verduras ¡y no le ha dado dientes!! Menos mal que hemos inventado la batidora y ya podemos dárselo que si no... hemos estado miles de años subalimentándonos...
A los animales del zoo intentan darle de comer lo que los animales comen en la naturaleza, y a las vacas, vegetarianas por naturaleza, cuando les empezamos a dar pienso hecho de carne, les salió la vaca loca... Si los hombres viviéramos “en libertad” no comeríamos ciertos alimentos hasta que, al menos, tuviéramos dientes para masticarlos, ¿por qué ahora nos quieren convencer que son necesarios si miles de años hemos vivido sin ellos? me pregunto.
Ante la duda, hago caso del pediatra y de lo que me dicen los demás, no sea que me equivoque y le pase algo a mi niña. Eso lo saben bien las empresas de biberones y potitos y por eso manipulan a las madres y a los pediatras, que son personas de carne y hueso, tan sabios y manipulables como tú o como yo (que no digo yo que lo hagan a mala uva, eh, muchos dicen lo que de veras creen que es mejor pero, como tu madre o la mía, se pueden equivocar).
Yo he hecho caso a otros pediatras menos habituales pero igual de buenos que me decían que mi hija podía estar con leche materna hasta el año o más sin problemas. Probé, porque mi instinto me decía que lo de los dientes y lo de los niños rechazando la comida a los 6 meses no era normal.
Mi hija ha estado comiendo teta (y sigue) hasta que, ella misma, al tener dientes y hacerse mayor y escuchar a su cuerpo, ha empezado a comer otros alimentos. Es decir, ha empezado a comer otros alimentos cuando su cuerpo y su boca han estado preparados para recibir dicho alimento. Se ha saltado la farmacia y los potitos, la comida especial y las complicaciones. Como me dice mi madre: “así sí que es fácil criar a un hijo, tú no te has preocupado como nosotras en qué comida especial le hago a mi niño hoy, y triturárselo, etc”. Efectivamente, le he dado teta (y sigo, puede que me consideréis extremista pero creo que es lo más cómodo para las dos, lo más barato y lo más sano) hasta que, además, me ha pedido, con sus manitas regordetas y sus ojillos redondos coliflor; y garbanzos; y ahora, con su voz dulce “pitachio”.